Xia Ning solo quería sobrevivir a una cena familiar. Su madre había invitado a un dentista, un abogado y un primo lejano “muy trabajador” con la esperanza de casarla antes de fin de año.
Desesperada, Xia tomó la primera mano masculina que encontró al entrar al restaurante.
—Cariño, llegaste —dijo con una sonrisa falsa.
El hombre bajó la mirada hacia ella.
Era Lu Chen, su jefe. El mismo que jamás sonreía, jamás llegaba tarde y jamás perdonaba errores en los reportes.
Xia sintió que su alma abandonaba el cuerpo.
—Cariño? —repitió él.
La familia entera se levantó emocionada.
Lu Chen pudo destruirla allí mismo. En cambio, pasó un brazo por su cintura.
—Perdón por la demora, amor.
Xia casi se atraganta con el aire.
Esa noche, después de fingir durante dos horas, Lu Chen la llevó al estacionamiento.
—Me debes una explicación.
Ella juntó las manos.
—Y quizá un contrato de noviazgo falso?
Lu Chen la miró.
—Cien días.
—Qué?
—Fingiremos cien días. Después desapareces de mi vida.
Xia sonrió nerviosa.
El problema era que él no sabía que ella trabajaba mejor bajo presión.