Portada de El Contrato de los Cien Días, drama chino de Comedia para leer online en DramasChinos.com

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Xia Ning solo quería sobrevivir a una cena familiar. Su madre había invitado a un dentista, un abogado y un primo lejano “muy trabajador” con la esperanza de casarla antes de fin de año.

Desesperada, Xia tomó la primera mano masculina que encontró al entrar al restaurante.

—Cariño, llegaste —dijo con una sonrisa falsa.

El hombre bajó la mirada hacia ella.

Era Lu Chen, su jefe. El mismo que jamás sonreía, jamás llegaba tarde y jamás perdonaba errores en los reportes.

Xia sintió que su alma abandonaba el cuerpo.

—Cariño? —repitió él.

La familia entera se levantó emocionada.

Lu Chen pudo destruirla allí mismo. En cambio, pasó un brazo por su cintura.

—Perdón por la demora, amor.

Xia casi se atraganta con el aire.

Esa noche, después de fingir durante dos horas, Lu Chen la llevó al estacionamiento.

—Me debes una explicación.

Ella juntó las manos.

—Y quizá un contrato de noviazgo falso?

Lu Chen la miró.

—Cien días.

—Qué?

—Fingiremos cien días. Después desapareces de mi vida.

Xia sonrió nerviosa.

El problema era que él no sabía que ella trabajaba mejor bajo presión.

El contrato tenía doce cláusulas. Lu Chen lo redactó como si comprara una empresa, no como si fingiera una relación.

Regla uno: no enamorarse.

Xia soltó una carcajada.

—Tranquilo, jefe. No es mi tipo.

Lu Chen levantó una ceja.

—Soy el tipo de todo el mundo.

—Eso sonó menos atractivo de lo que cree.

Regla dos: asistir juntos a eventos familiares.

Regla tres: no revelar el acuerdo.

Regla cuatro: nada de contacto físico innecesario.

Xia señaló esa línea.

—Ayer me abrazó.

—Fue necesario.

—Mi tía todavía habla de sus bíceps.

Lu Chen cerró el documento.

—Firma.

Ella firmó.

Al día siguiente, toda la oficina recibió una noticia: el director Lu estaba en una relación secreta con una empleada del departamento creativo.

Xia miró el chat interno, horrorizada.

Lu Chen apareció detrás de ella.

—Parece que nuestro contrato tendrá uso antes de lo previsto.

Y por primera vez, Xia deseó haber aceptado al dentista.

La primera cita falsa ocurrió en un centro comercial lleno de empleados curiosos. Lu Chen llegó con flores blancas, camisa negra y expresión de funeral.

—Parezca feliz —susurró Xia.

—Estoy actuando.

—Actúa mejor.

Él le entregó las flores.

—Estas son para ti.

Xia sonrió exageradamente.

—Qué romántico. Flores de condolencia.

Una pareja de compañeros los observaba desde una tienda. Lu Chen tomó la mano de Xia. Ella se tensó.

—Contacto físico innecesario —murmuró.

—Espionaje laboral necesario —respondió él.

Caminaron así durante veinte minutos. Poco a poco, Xia dejó de sentir la mano ajena y empezó a notar algo peor: era cálida.

En la zona de comida, una niña les pidió una foto porque parecían “los protagonistas de una novela”.

Lu Chen se inclinó hacia Xia.

—Sonría.

La foto salió perfecta.

Demasiado perfecta.

Esa noche, Xia la miró en su celular más veces de las que admitiría.

El contrato seguía siendo falso.

Su sonrisa, quizá no.

El exnovio de Xia apareció en la empresa con un café y una disculpa vieja. Se llamaba Han Wei y tenía la desagradable habilidad de parecer arrepentido justo cuando necesitaba algo.

—Solo quiero hablar —dijo.

Xia no quería. Pero antes de responder, Lu Chen apareció en el pasillo.

—Ella está ocupada.

Han Wei sonrió.

—Y tú eres?

Lu Chen no cambió el rostro.

—Su novio.

La palabra salió demasiado natural.

Xia lo miró.

Han Wei bajó la voz.

—No sabía que ahora salías con hombres por conveniencia.

Lu Chen dio un paso adelante.

—Y yo no sabía que los errores del pasado podían hablar.

Xia tuvo que morderse el labio para no reír.

Más tarde, en la oficina, ella le preguntó:

—Estaba celoso?

Lu Chen revisó unos papeles.

—Estaba protegiendo la eficiencia del departamento.

—Claro. Muy eficiente su mirada asesina.

Él la miró por encima del documento.

—No provoques, Xia Ning.

Pero el leve rojo en sus orejas lo traicionó.

La abuela de Lu Chen enfermó y pidió conocer a la novia que “había devuelto vida” a su nieto. Xia quiso negarse, pero Lu Chen no preguntó como jefe. Preguntó como alguien asustado.

—Solo una vez —dijo.

En el hospital, la anciana tomó las manos de ambos.

—Chen nunca trae a nadie. Si está contigo, debes ser especial.

Xia sonrió con culpa.

—Él también es especial.

Lu Chen la miró.

Por un momento, ninguno actuó.

Al salir, la lluvia los atrapó frente al hospital. Xia resbaló en la acera y Lu Chen la sostuvo contra su pecho.

—Siempre haces ruido —dijo él.

—Y usted siempre llega a tiempo.

La distancia entre ambos desapareció demasiado rápido.

El beso fue breve. Torpe. Imposible de explicar con cláusulas.

Cuando se separaron, Xia respiró hondo.

—Eso no estaba en el contrato.

Lu Chen la miró bajo la lluvia.

—Entonces tendremos que modificarlo.

Y los cien días dejaron de parecer suficientes.