Su nombre era Yun Qiao y llegó al palacio con tinta en los dedos y una mentira en la boca. Dijo que buscaba trabajo como escribana. En realidad buscaba a su hermano desaparecido.
El palacio la recibió con pasillos interminables, reglas imposibles y ojos que juzgaban cada paso. Nadie quería a una muchacha de provincia revisando documentos reales.
Excepto el príncipe Liang.
Él era conocido como el príncipe frío. No sonreía, no perdonaba errores y jamás repetía una orden.
—Tu letra es fea —dijo al verla copiar un decreto.
Yun Qiao apretó el pincel.
—Su Alteza puede mirar el contenido o insultar la forma. Una cosa sirve al reino, la otra solo a su orgullo.
Los eunucos dejaron de respirar.
El príncipe la observó largo rato.
—Te quedarás.
Esa noche, Yun Qiao encontró el primer registro de su hermano: había entrado al palacio como guardia y desaparecido después de una misión secreta.
La firma de autorización pertenecía al príncipe Liang.